Del Mina al Caminal
Para el año 2002 manejaba el taller Mina y Clarissa era una pintora que había entrado al taller con la que estaba de novio, ambos disfrutábamos trabajando en este hermoso espacio que sabíamos que iban a demoler. Aunque a nadie le entraba en la cabeza que serían capaces de derribar esta hermosa nave y especulábamos con que algún milagro nos salvaría, pero cuando presenciamos lo sucedido en el mercado de enfrente, entendimos que necesitábamos algo más que un milagro.
Les hago esta pequeña reseña histórica sobre el “Mercat del Carme”, una mañana bajamos a desayunar al bar del mercado como solíamos hacer todos los días y nos encontramos con el mercado revolucionado, porque se acababan de enterar por los diarios que estaban en la calle, es decir estaban leyendo la noticia que este mismo día les cerraban el establecimiento, que habían llegado a un acuerdo con todos los puesteros y que estaban todos felices, pero la realidad es que primero se enteraron por los diarios y durante ese día les fueron llegando las comunicaciones oficiales. La mezcla de odio e impotencia que ví en sus caras, personas mayores que pasaron toda una vida dentro de ese mercado y ahora les estaba siendo arrebatado así porque sí, porque alguien en algún lugar de este bendito ayuntamiento quiere ahí un edificio. Los puesteros insultaban a una interventora que ponía la cara, a pesar que muchos sabían que ella no era la responsable por el desastre que les estaba cayendo en sus vidas, todos se acordaron de la madre de esta pobre mandada.
Lo sucedido al Mercat del Carme nos puso de entre aviso de los métodos y efectividad con los que actuaba esta gente, así que mi socio Mark fue al ayuntamiento para averiguar que pasaba con el barrio, se vino con un folleto informativo con una foto aérea de la zona afectada, la foto tenía dibujada una mira y todo lo que entraba dentro de ésta mira lo iban a tirar abajo, en el centro de la mira se podía reconocer claramente los techos del taller Mina.
Pero como era posible que estén destruyendo un barrio sin que sus propios habitantes se enteren, porque nadie te viene a avisar que tenés la posibilidad de quedar en la calle, ésto se decide obviamente sin tener en cuenta a los habitantes de la zona y amparados por leyes que ellos mismos crearon. Ósea que para cuando nos percatamos que íbamos a perder el taller ya no había mucho que se pueda hacer, ya estaba decidido, ahí no quieren un taller con artistas que ayuden a embellecer el barrio, quieren construir un hotel y con el espacio que sobra unos pisos mediocres que podrán ser vendidos 10 veces su verdadero valor ya que la zona se esta valorizando mucho o más bien ellos mismos la están valorizando con su especulación, miren si es así que todo el apuro para sacar a los del mercado en realidad era para nada, no construyeron nada en este lugar y ya pasaron varios años, el mercado hubiese podido estar funcionando hasta la fecha, pero les convenía más tener la parcela vacía, libre para poder disponer a gusto y placer de este predio sin ningún habitante, que como sabemos ésto siempre es un freno a la hora de disponer de una propiedad.
Lo triste del caso es que actualmente donde estaba el mercado, hay un descampado que sirve de hogar de indigentes y yonquis, así que donde antes veía un hermoso mercado ahora veo un tío inyectándose.
Con respecto al Mina la situación era complicada, esta vieja y hermosa fábrica había sido vendida con sus inquilinos adentro por 2 monedas a una empresa testaferro de la UGT que se encarga de hacer los negocios sucios, para que el gremio no se vea envuelto en chanchuyos.
Con el Mina condenado a muerte, era solo cuestión de tiempo antes de que todo el taller quede en la calle. Por eso decidimos con Clarissa buscar paralelamente otra nave, ya que entendimos que toda esta movida artística iba a desaparecer junto con el taller y si bien no podíamos evitarlo, podíamos darle una posibilidad de fuga hacia otro taller, que no tenga los problemas de éste y así perdurar al menos en otro espacio. El problema era encontrar otra nave lo suficientemente grande para albergar a tantos artistas.
En el casco antiguo era imposible, el último edificio grande disponible era el del Mina y pronto no existiría, así que analizando cual era la zona que sería mejor para esta segunda etapa, decidimos que el barrio con más futuro sería Poblenou y empezamos a buscar alguna fábrica en desuso, tarea que no fué fácil ya que para el 2002 estábamos en tiempos pre Forum, que todos sabemos que ésto también era puro negocio inmobiliario. La especulación por esos tiempos en Poblenou era que simplemente nadie te alquilaba nada ya que estaban todos a la espera de que pase el Forum para que se valorize la zona y así poder alquilar o vender las propiedades, mucho más caro que su valor real.
Después de mucho buscar encontramos una nave en el pasaje Caminal, que daba con los parámetros que estábamos necesitando, me gustó la coincidencia de que la palabra caminal lleva consigo la palabra mina y el hecho de que el taller Mina había obtenido su nombre del pasaje Mina, hizo que el Caminal se gane su nombre también por el pasaje.
Además había cierto juego de palabras que hacían una perfecta alusión a la situación, la palabra caminal definitivamente me da la idea de caminar, la idea de que era el Mina que camina.
Los comienzos
La nave no estaba tan mal, pero hubo que hacer ciertos arreglos y reformas, en su mayoría hechas por nosotros mismos, fué necesario reparar el techo, la instalación eléctrica, la de agua, se hicieron reformas en los baños, el patio, la sala de exposiciones, se pintó todo el taller y se subdividió en 15 estudios.
Durante los comienzos el principal problema era económico, no lográbamos alquilar los espacios suficientes como para pagar los gastos, si bien la situación estaba muy bien en lo que respecta a tranquilidad, estaba claro que no íbamos a poder aguantar mucho tiempo más este alquiler, esta realidad nos obligó a ser más creativos y comenzamos a utilizar la sala de exposiciones para realizar eventos para ayudarnos a solventar los gastos.
La idea era crear una movida lo suficientemente atractiva para que los artistas empiecen a dejar el casco antiguo y se unan a nuestro taller en Poblenou.
Como muchas veces la necesidad decidía por nosotros, no siempre decidimos correctamente, mientras que utilizamos la sala para exposiciones todo anduvo bien, pero cuando nos vimos obligados a alquilar el espacio para que terceros hagan sus eventos, todo se empezó a complicar.
Los eventos que habitualmente se hacen en estos talleres muchas veces terminan en fiestas, es más, a veces el evento en sí es el pretexto para la fiesta, ésto resulta inevitable y a este nivel podría decir que el taller Caminal al poco tiempo de estar funcionando comenzó a escucharse en el barrio.
Así que por ese entonces con la cantidad de eventos que realizábamos, lográbamos pagar el alquiler pero nuestro principal problema empezó a ser el ruido, por lo que debí insonorizar la sala de exposiciones y agregarle un sistema de ventilación.
Siempre empieza así, viene un artista con una propuesta interesante, alguna exposición, donde también va a ver una performans, una instalación o alguna que otra proyección y para rematar el evento un dj o una banda van a tocar un rato para entretener a la gente. Bueno ahí con lo del dj es donde todo se empieza a desvirtuar, cuando la exposición deja de serlo y se convierte en fiesta es cuando empiezan los problemas.
Ahora bien cuando me dí cuenta de esto, mi vida era un verdadero caos, ya que para ese entonces esta situación se estaba repitiendo en el taller Mina, del cual yo también era el responsable y lo que es peor aún, este taller también era mi casa. Así que estaba de taller en taller o más bien de fiesta en fiesta, pero la situación en el Mina era mucho más complicada ya que los artistas estaban conscientes que mucho tiempo no les quedaba y sabiendo de esta eventualidad el arte se convirtió en descontrol, del cual yo también era el responsable.
Para estas alturas la opinión del ayuntamiento de Barcelona sobre mi persona estaba seguramente dividida y lo pude comprobar muy fácilmente, mientras la gente de Tallers Oberts me mandaba invitaciones para una cena de cierre y me felicitaba por la participación de mis talleres en tan noble evento, a la vez otra parte del ayuntamiento estaba apoyando abiertamente a la UGT que me inició juicio de desalojo.
Para cuando fuimos a juicio, el Mina se había convertido en un bar dentro de un taller y esta situación seguramente aceleró su caída. La presión comenzó a aumentar cuando empezaron a rodear el edificio con andamios, para derribarlo aparentemente con nosotros dentro, a pesar de que pudimos frenar esta acción legalmente, las esperanzas empezaron a decaer.
Continuamente éramos visitados por abogados y funcionarios que tomaban fotos, según ellos para guardar una memoria histórica, que hipocresía tantas fotos para preservar lo que van a destruir, visto con el tiempo parece increíble el doble discurso de esta gente, pero como explicárselo a los que no vivieron en el barrio, como explicar la bronca que sintieron los habitantes de un edificio del Raval cuando casualmente les incendiaron su casa para declararla inhabitable y así lograr una autorización para sacarlos por la fuerza.
Los artistas del Mina sabían que ese momento tarde o temprano llegaría y eventualmente llegó y si bien no hizo falta que nos incendiaran el edificio nos fuimos con dignidad, sabiendo que habíamos hecho brillar un espacio que estaba por desaparecer, en este sentido creo que el Mina fué como el vuelo de un meteorito, que alcanza su máximo esplendor justo antes de caer.
Esto es realmente lo que pasó en el Mina y lo que actualmente pasa en el Caminal y en algunos talleres sobrevivientes condenados a muerte por nuestros funcionarios de turno, se vive el día, se trabaja rápido para poder sacarle provecho a la oportunidad de crear y exponer en una ciudad tan importante como Barcelona.
La situación con los talleres en esta ciudad refleja perfectamente el perfil del artista actual, un sobreviviente en una sociedad cada vez menos creativa.
El apogeo
Con un juicio perdido, el Mina derribado y treinta artistas en la calle hubo escasez de estudios y el Caminal recibió a gran parte de estos artistas, así que de pronto me encontré sin casa pero con un taller lleno.
Mudé provisoriamente mi casa al Caminal, feliz de haber sobrevivido al derrumbe y me preparé para afrontar una nueva etapa.
Vivir en un taller de arte no está mal, al principio todo parece mágico me sentía todo un personaje involucrado con el arte, pero a medida que pasaron los años se hizo evidente que me estaba saturando. Los artistas usan el taller a cualquier hora y no es precisamente un lugar para descansar, así que estar viviendo en talleres fué como trabajar día y noche, ni hablar de los ruidos de la zona, del cual no podía quejarme ya que yo también era un poco responsable; pero bueno sacando estos detalles el resto comenzó a andar bien, ya no necesitábamos hacer fiestas y con el taller lleno hasta sobraba algo de dinero para que Clarissa y yo pudiéramos sobrevivir sin tener que trabajar fuera del taller, así que eventualmente me fuí concentrando más en mi trabajo creativo y menos en tener que defenderme de los ataques del ayuntamiento.
El Caminal comenzó su apogeo con artistas de todo el mundo, se hicieron incontables eventos, ésta vez con música muy baja o sin música y de a poco nos fuimos ganando la confianza de los vecinos, hasta tal punto que nos involucramos con ellos a la hora de organizar un recital en el pasaje con motivo de la fiesta oficial de Poblenou.
Así como algún vecino se quejó cuando en sus comienzos el taller se hacía oír, también hubo muchos que nos apoyaban y cuando los ruidos terminaron, se empezaron a amigar con el arte a tal punto que empezaron a acudir a nuestras exposiciones. Eso fué para mí todo un logro, porque cuando hay eventos vienen personas de todos lados, pero sacar de su casa a una persona mayor para ver una exposición y que nos diga que somos la última esperanza que le queda al barrio, eso me llenó de orgullo.
Lo bueno de trabajar en un espacio así es que no solo podes interactuar con tu vecino, también podes hacerlo con el artista de al lado y esto enriquece enormemente la creatividad, al menos mi experiencia en este aspecto me dice, que no hubiese podido crecer artísticamente encerrado en el estudio de mi casa, además esta claro que si no hubiese transitado por esta especie de sueño colectivo no hubiera existido esta historia.
La historia del taller es también la del artista inmigrante que intenta ganarse un espacio en el mundo, que llega a Barcelona buscando la ciudad prometida y que encuentra gente de todo el mundo que está en la misma, porque vale aclarar que a pesar que el taller está en Cataluña son pocos los españoles que han participado, la mayoría son inmigrantes que encontraron en el taller un espacio que les permite crear libremente y que de alguna manera funciona como realmente debería ser el mundo.
La creatividad supera toda barrera social, política, económica o religiosa. El arte nos une como raza trasciende cualquier frontera y definitivamente en el taller sirvió de nexo entre personas muy diferentes.
La mujer que se convierte en mono
No podría enumerar todos los eventos que se hicieron, pero tampoco estaría completa esta historia si no contase al menos uno.
El BAC (Barcelona Arte Contemporáneo) aceptó la propuesta del taller de hacer “La Monga” que consistía en un espectáculo en el cual se creaba la ilusión de transformación de una mujer en mono.
Este show no era la primera vez que se hacía, la idea surgió de Renata que lo había hecho en Brasil, donde éste espectáculo forma parte de la cultura local.
Con la ayuda de Mauricio que vino especialmente de Brasil para explicarnos como funcionaba el truco, logramos construir la máquina transformadora, que consistía en una caja de espejos y luces, por el cual se podía reflejar la imagen de una persona sobre la otra, mediante un vidrio entre las dos, y así crear la ilusión que una persona se convierte en la otra.
En realidad, también se puede transformar a la chica en cualquier cosa que se desee, sólo hace falta más actores y más disfraces. Así fué como jugamos con esta posibilidad, añadiendo dificultades técnicas en el libreto, que hicieron que la chica mostrase su cerebro, y se transforme en esqueleto y butifarra, antes de finalmente convertirse en mono.
Para lograr este efecto se necesitó de varias personas y varios disfraces, la chica que el público veía era Susana, el esqueleto era Clarissa, la butifarra era Xavi, el mono era Angélica, la presentadora era Paula y yo era el operador de la máquina.
Cibelle con Renata se encargaron de la dirección artística, Pedro creó los efectos de sonido y Vassilis nos ayudó en el montaje. Todas estas personas hicieron falta para transformar a Susana en mono, pero hasta que ésto se logró primero había que ponerlas de acuerdo, y no fué nada fácil. Para que el truco salga bien se necesita lograr una perfecta coordinación entre todos, cada actor debe estar en su sitio a tiempo, pararse exactamente en el mismo lugar y encajar el reflejo de su cara perfectamente en el reflejo de la cara de Susana.
El foro para ver el espectáculo era limitado, ya que el efecto sólo se puede apreciar si el observador mira de frente a la máquina transformadora, por lo cual tuvimos que hacer cinco pasadas, en cambio de las dos planeadas ya que la noche del show el taller estaba repleto. Fué bastante difícil contener a la gente, porque mientras algunos presenciaban el espectáculo, los demás lo escuchaban sin poder verlo, obviamente hablando entre sí, así que tuvimos que subir el audio al máximo para que no se pierda la voz de la presentadora entre el bullicio de la gente.
La Monga gustó mucho entre el público, las personas que conocían el espectáculo aseguraron que esta versión europea había salido más prolija que la original.
Al final de cada show se escuchaban los gritos de la Monga que ya en forma de mono se arrojaba sobre el público antes de volver a la máquina, obligada por la presentadora.
Esto fué excitando cada vez más a la gente que esperaba su turno y cuando llegamos a la última pasada, el escándalo fué lo suficientemente grande como para que aparezca la policía.
Ahí estaban dos agentes parados en la sala intentando entender que pasaba en este sitio, salí inmediatamente a su encuentro.
Mientras yo les hablaba de arte y de la importancia que el humano se reconozca como animal, ellos sólo me decían que ésto no era arte, sino una discoteca más.
“Usted no entiende agente, este show es mucho más que un pretexto para bailar, la Monga esta destinada a que el espectador se vea como animal, y entienda que sobre esta realidad no hay nada más que la creación, que vea que no es más que un mono en esta vida, que se creyó la película de ser alguien; ya sea panadero, empleado, mecánico, artista y hasta incluso usted, un mono con revólver”.
El 22@ o veintidós ladrones
Venían más problemas, llegaron de mano del administrador de la propiedad, que me comunicó que habían tenido una reunión con el ayuntamiento y que estaban intentando poner de acuerdo a los propietarios del barrio, para indemnizarlos y derribar sus propiedades amparados en una especie de ordenanza del ayuntamiento llamada 22@.
¿Pero cómo? ¿Estos no eran los buenos? porque la publicidad que hacían en el barrio es que apoyaban el arte y las nuevas tecnologías. El discurso en estos tiempos es que precisamente el 22@ iba a permitir que se instalen talleres de arte como para darle un uso más ecológico a estos espacios y así embellecer el barrio.
Fui a informarme al ayuntamiento y me encontré con la sorpresa de que el taller Caminal también está en la mira para ser derribado.
Ustedes pensaran este tipo es tonto, dos veces armó un taller para que se lo tiren, bueno yo creo que no tenía muchas alternativas y también fui un poco ingenuo por creer en la palabra del administrador, el cual estoy seguro que conocía la letra chica de esta ordenanza y prefirió escondérmelo para seguir cobrando el alquiler hasta el último minuto que esté la fábrica en pie. Aunque no lo culpo ya que esta postura es la única posible por la zona, ya que la técnica del ayuntamiento es poner tantas trabas a la hora de pedir una licencia para que nadie se atreva a alquilar una fábrica y así llevar a sus propietarios a la ruina para obligarlos a vender. Técnica que les resultó muy bien, la mitad de este hermoso barrio lo han destruido en unos años, han obligado a cerrar a la fábrica que esta pegada al taller y a la carpintería de al lado y si queres actualmente alquilar una de estas naves, no te sirve de nada ya que el ayuntamiento no te da ningún tipo de licencia.
La situación en este aspecto no era diferente en nuestro taller, había intentado por todos los medios posibles ingresar el trámite en el ayuntamiento para pedir la licencia y siempre me fué denegada, aduciendo que tenía muchos metros cuadrados para ser habilitado, es decir que no basta que estemos trabajando en 15 metros cuadrados, quieren que lo hagamos en la mitad. Si aunque parezca mentira el pretexto que da el ayuntamiento es que un taller no puede sobrepasar los 300m2 y el caminal es de 650m2.
Así fué como intenté inscribir dos asociaciones culturales en una misma nave, ya que uno de los artistas del taller me traspasó todos los papeles de la Asociación Cultural Kaleidodrom, que él había fundado y que también nunca había logrado una licencia; tal vez si figurasen dos talleres en uno se solucionaría el problema de los metros cuadrados. Esta acción no sirvió de nada, así como mí desesperado intento de anotarlo como taller de nuevas tecnologías, aprovechando que mi profesión es la de inventor, nunca recibieron mi trámite.
Comenzaron a llegar notificaciones del ayuntamiento, irónicamente pidiéndome que inicie el trámite de licencia, hasta que llegó la orden de precintar el local.
No sabía como pararlos, hablé con un abogado que me redactó un escrito que logré presentar unos días antes de la orden de la fecha del precinto, aunque esta acción era sólo para no quedarnos de brazos cruzados ya que no estábamos en tiempo de frenar la que se nos caía.
Los representantes de la ley
Estaba claro, querían sacarnos a la calle para clausurar el taller con nuestros trastos adentro, así que pensé como defenderme de este último ataque que parecía mortal y se me ocurrió que si lograba empadronarme no podrían desalojarme, ya que si legalizaba
mi domicilio en el taller les podría decir que era mi casa taller.
Esta vez la burocracia interna del ayuntamiento logró parar nuestro desalojo ya que gracias a Dios el empleado que te empadrona, no tenía ni la menor idea que su compañero de la oficina de al lado, me estaba iniciando un juicio y me expidió un certificado justo a tiempo.
Para cuando llegaron los representantes del ayuntamiento junto con la policía yo tenía un as bajo la manga y aunque entraron confiados se fueron desilusionados ya que también pudieron constatar que realmente vivía en el taller.
Me dí el lujo de echarlos aduciendo que era mi casa y que todos esos espacios donde trabajan tantos artistas eran habitaciones que les prestaba a mis amigos para que se vuelvan más creativos. El inspector no estaba conforme con mi coartada pero estaba certificada por ellos mismos con un día de antelación, intentó de todas maneras colocar un precinto para separar la parte de los talleres con la sala de exposiciones y le dije que si lo hacía, estaría coartando mi libertad de acceder al baño, juré que por esta boludez lo iba a demandar. El diálogo no era tenso, no hubiese podido afirmar todos estos disparates sin una sonrisa en la boca y creo que esto aflojó un poco al inspector que seguramente entendió que esta acción no era más que un manotazo de ahogado.
Estaba feliz, era la primera vez que podía tratarlos como se merecían, había encontrado la falla, no te pueden negar la entrada a tu casa, ya no importaba que realmente viva en el taller, estaba certificado por ellos. En los días posteriores empadrone a unos cuantos amigos, ya no soy el único que legalmente vivo en esta propiedad, ésto nos tendría que dar otro respiro de unos meses hasta que empiecen de nuevo los ataques.
Por suerte estos meses se estiraron lo suficiente como para que empiece a organizar mi vida y logré mudar mi casa a las afueras de Barcelona.
La retirada
Si bien el Caminal con el tiempo se convirtió en un sueño colectivo, sus comienzos no fueron tan colectivos, la idea de este taller nace de mi relación personal con Clarissa, juntos soñamos el taller y juntos recorrimos el camino de crearlo, pasamos por muchos percances hasta lograr un poco de estabilidad, vivimos 24hs al día durante 4 años dentro de 2 talleres, ésto tarde o temprano pasó factura a nuestra relación amorosa y al separarnos, ambos elegimos alejarnos del taller.
Nos dimos cuenta que éramos esclavos de nuestro sueño y que además ya no nos pertenecía, realmente habíamos creado un sueño colectivo, el problema ahora era ¿cómo bajarse de este sueño sin dejar a todos estos artistas en la calle?
Así fué como decidimos pasar la responsabilidad a otros artistas que tengan la inquietud y energía de transitar esta experiencia inolvidable de ser responsable del manejo de un taller. Luego de varias deliberaciones Maite se hizo cargo de la parte operativa y yo quedé con la parte de la asociación cultural de la cual todavía soy el responsable, al menos en teoría.
Sin Clarissa el taller no tenía sentido, quería mudar mi estudio a mi casa pero todavía dependía del taller, ya que donde vivía en la montaña no llega el Internet, así que tuve que seguir unos meses más hasta terminar con la Cuerda Continua, que es un invento que nació y se desarrolló íntegramente en el Caminal y que quería que se termine ahí.
Estos meses que tardé en terminar mi trabajo, sirvieron a la vez de transición para ponerla al tanto a Maite sobre el manejo del taller.
El manejo que me quedaba a mí no representa ningún problema, no hay que hacer nada, cuando no está el ayuntamiento siguiéndote, hacía casi un año que no tenía noticia de ellos, no podría tener tanta mala suerte de que ataquen de nuevo antes que termine mi proyecto.
Llego la respuesta del ayuntamiento al escrito que habíamos presentado, una vez más denegaban la licencia. Nuestro abogado estudió la carta y me comunicó que se habían agotado todas las instancias, me explicó que la única manera de trabar esta nueva acción era mediante un juicio.
Ya saben, el mal siempre vuelve, se lo puede frenar, tener temporadas en que todo va bien pero en estos momentos uno no se debe confiar, porque tengan certeza que volverá, sonriente y nadando en su ego nos envolverá en otra batalla.
Conviné una reunión con una jefa en el ayuntamiento, le expliqué toda la situación pero una vez más, fué inútil, así que no me quedó otra opción que iniciar un juicio para frenar el desalojo.
Esta es la situación actual del Caminal, la misma que viven los pocos talleres que aún sobreviven en Barcelona, vamos de juicio en juicio, hasta que se nos acaben las instancias judiciales y nos veamos obligados a dejar la propiedad.
Con mi proyecto terminado logré finalmente retirarme físicamente del taller para Marzo del 2006.
Acerca de los talleres
Considero mi experiencia con los talleres como enormemente enriquecedora, siento que pude soltar mi ser más que en ningún otro momento de mi vida y estoy seguro que haber transitado por tantas dificultades me hizo una persona más creativa.
El hecho de tener que aguantar dos juicios lejos de entristecerme, me llena de orgullo, siento que me comprometí en una causa contra los malos y mis armas fueron el arte. En un sociedad que se resiste al cambio me sentí portador de una pequeña esperanza, los cambios siempre nacen de estas esperanzas, de esas pequeñas grietas en el sistema que permiten estrellas fugaces como el Mina, eventualmente estas grietas van agrandándose y se convierten en verdaderos problemas para una sistema que pretende que no crezcas más de lo que les conviene.
Porque ésto de los talleres está mucho más allá de tener un lugar guapo donde se pueda crear y relacionarse con personas afines, los talleres hoy por hoy representan la resistencia y como decía mi vecino, la última esperanza de un barrio al cual le están destruyendo su identidad.
Se dice que la pena de muerte no tiene sentido, porque un delincuente que cometió un delito por el que puede morir no le temblaría el pulso en delinquir de nuevo, ya que no tiene nada más que perder. La totalidad de los talleres en Barcelona están condenados a muerte y esta realidad nos convierte en delincuentes cada vez más creativos.
El tránsito por los talleres abrió mi idea del mundo, talleres como el Caminal son la prueba viviente que es posible unir a personas muy diferentes a través del arte.
El vuelo del Caminal perdurará por más que lo derriben en los corazones de todos los que pasaron por él.
Claudio Bianco
Presidente de la Asociación Cultural Kaleidodrom, Agosto 2006
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